El otro día lo vi, ¿sabes?
Me contó sobre su vida,
sobre cómo aprendió a volar
y sobre como disfruta de hacerlo.
Me maravilló con sus historias,
pero ni una vez te mencionó a vos...
Me llamó la atención...
Él sobre todas las personas debería saber
qué ha sido de tu vida. No lo aguanté.
Y PREGUNTÉ.
No sé si quedó pasmado o por el contrario
se preguntó por qué habría durado tanto...
Lo único que me dijo es que estabas bien.
"Haciendo muchos planes y trabajando".
Suena mucho a vos... siempre haciendo planes.
Como la casa en el árbol que ibamos a construir, ¿recuerdas?
O aquella pequeña isla, dónde sólo íbamos a vivir vos y yo.
Comer coco y mariscos constantemente...
y tener muchos hijos producto de nuestro amor...
¡Ja! Ahora resulta gracioso acordarse,
¿no te parece?
Por que no sólo yo tenía el look inteligente:
ambos lo fuimos. Aunque cueste darse cuenta.
No importa cuánto dure el amor:
LA DISTANCIA SIEMPRE LO MATA...
Y de repente conversando con él,
me di cuenta de que me volví aquella niña
un poco asustadiza, y muy aventurera...
aquella niña que me encantaba ser:
aquella niña que perdí. Sonreí.
Por más que duela aceptarlo el mundo adulto
sí te arranca mucho de aquel ser...
¿pero de qué hablo o a quién?
Tú sigues viendo el mundo con esos mismos ojos;
un poco inocentes, otro poco infantiles...
Esos ojos abrazadores, ojos que te clavan la mirada
cual halcón buscando su presa...
Aquellos ojos de los que esta tonta se enamoró.
Y sonreí. Sonreí porque no tenía más remedio...
Y porque él me estaba viendo...
Sonreí porque se me apagaron las palabras...
Sonreí porque de verdad me alegró saber de vos...
Y él no dijo nada.
0 segundos ajenos:
Publicar un comentario en la entrada